El futuro de la arquitectura técnica está vinculado a la sostenibilidad y la eficiencia energética. En este sentido, el papel del arquitecto técnico es clave para minimizar el impacto de los edificios en el entorno ambiental. Ahora bien, para garantizar una arquitectura sostenible es fundamental que el aparejador conozca y domine de principio a fin el proyecto de construcción.

La tarea del aparejador es clave para facilitar un mayor confort en la vida de las personas y a la vez, trabajar en medidas de ahorro energético que favorezcan una gestión y consumo responsables de los recursos naturales. Actualmente, en todo el mundo, encontramos construcciones adaptadas al clima y a los recursos que ofrece el entorno, garantizando comodidad y una mayor eficiencia energética.

Sin duda, construir edificios eficientemente energéticos es totalmente necesario. Actualmente, las viviendas acaparan el 20% del consumo total de energía. Una cifra que no se puede pasar por alto y en la que, el arquitecto técnico puede contribuir aplicando las nuevas tecnologías para reducirla. ¿Cómo? Analizando el ciclo de vida de los materiales y sistemas, empleando materiales más respetuosos con el medio ambiente; implementando proyectos de rehabilitación energética, auditorías energéticas y otorgando un mayor protagonismo a las energías renovables. De cara al 2030 en Europa se generarán más de tres millones de puestos de trabajo en este ámbito respecto a los que había en 1995.

Así pues, el futuro profesional del arquitecto técnico debe encaminarse hacia una arquitectura sostenible, teniendo en cuenta el impacto de un edificio durante todo su ciclo de vida, desde su construcción, pasando por su uso y derribo final. Prestando también especial atención a los recursos que se utilizarán, los consumos de agua y energía de los propios usuarios y finalmente, lo que sucederá con los residuos que generará el edificio en el momento que se derribe.